De aquí se sale, pero ¿cómo? (III)




 

Antes de entrar más en profundidad en el "tipo" de partido que pueda representar con expectativas de éxito a la sociedad civil española, analicemos a ésta sociedad:

Existe claramente un público que bien pudiera ser el más receptivo al mensaje reclamando mayor participación de la sociedad civil, que estaría compuesto por una parte de profesionales, autónomos, trabajadores y
funcionarios con formación universitaria, cuadros medios, etc. Aquellos que forman parte del colectivo de los que por práctica, derecho y convencimiento personal se pueden reclamar "ciudadanos": conocedores de las leyes, cumplidores de sus obligaciones y exigentes con sus derechos. Sin olvidar que parte de estos colectivos ya apoyan a otras formaciones, más o menos minoritarias que defienden planteamiento muy similares respecto a la sociedad civil.

No todos los integrantes de los colectivos mencionados, están sensibilizados ante un mensaje recabando más poder y, sobre todo, capacidad de control para la sociedad civil. España, conociendo nuestra sociedad, es más seguidista que "ciudadana", pues casi no pasa factura por la corrupción imperante a los grandes partidos. 


Es la influencia del populismo, bien arraigado en nuestra sociedad, otros le llaman voto cautivo, aunque aquí cabe la añadidura de los muchos que viven subvencionados. Por otra parte, la falta de espíritu crítico, no es una exclusiva de las clases bajas, nos sorprendería la cantidad de votantes con formación, que tienen su voto decidido caiga lo que caiga desde el gobierno o la oposición. Pero parte de este sector puede ser reconducido, con ejemplo y pedagogía, hacia el voto a los defensores de los derechos ciudadanos.

Luego están los estómagos agradecidos, subvencionados y los que "han votado a XX de toda la vida", colectivo difícilmente recuperable, salvo que la crisis les haga perder sus privilegios, situación por otra parte, bastante posible en estos momentos.


Personalmente,me gustaría poder votar, a lo "Anonymous", a una formación que haga parte de su bandera, no digo ya el anonimato –incompatible con el parlamentarismo–, pero sí, al menos, la falta de notoriedad a priorística, de aquellos que la representen públicamente, dando su apoyo a un programa y un proyecto contundentes y al compromiso con su cumplimiento. Pero, por lo explicado anteriormente sobre nuestra sociedad, esto es una utopía, hoy por hoy, irrealizable.

Así que, por lo mismo, cobra un peso inmerecido la imagen del "liderazgo", que aplico para los casos en los que los proyectos, son menos valorados que quien los vocee, dicho con todo el respeto del mundo. ¿Acaso una sociedad de ciudadanos críticos y con capacidad de agruparse, iba a permitir el "sindiós" de nuestra casta, sin castigar en las urnas su golfería?

En estas circunstancias, y con la ausencia de voces o líderes reconocidos y de un proyecto basado en propuestas asumidas por la mayoría de la sociedad, se fomenta, sin pretenderlo, un mal de nuestro tiempo, el seguidismo al líder, expresado expléndidamente por una popular frase: "Lo que diga la rubia", aún cuando no hayan sido ellos los que han conseguido levantar las estructuras necesarias para que la formación tome cuerpo. Y afirmo que esto es un mal de nuestro tiempo, porque la notoria mayoría de afiliados o simpatizantes, que detectan que la cuestión es insostenible, pero desconozcen los motivos y las vías para solucionarlo, fomenta posicionamientos como "yo estoy aquí por XXXXX, así que lo que él (ella) diga, me parece bien". ¿Ilegítimo? No, pero creo que el compromiso es, y debe ser, con proyectos, programas e ideas, y no con las personas, a las que se les debe prestar todo el apoyo del afiliado pero no la fe del neo-converso. Las personas cambian y te pueden arrastrar a algo bien distinto de lo acordado en un principio. Un movimiento de la sociedad civil precisa de una afiliación que defienda "Lo que diga el proyecto pactado para alcanzar nuestros fines", lo contrario es la propia sentencia de muerte del proyecto y la entrada de bruces en el populismo puro y duro.

¿Acaso no sería posible que una mano fuerte, con un poder más incuestionable, llevara a cabo ese cambio del Sistema corrupto? Como poder, puede, como Rajoy podría suspender la autonomía catalana, pero recordemos que sin control, no existe democracia, como sin un partido que le empuje a Rajoy a hacerlo, estamos donde estamos. Además, estoy convencido de que una cosa es tener la forma de partido
, por imperativo legal, y otra bien distinta, que nos estructuremos, conduzcamos y actuemos como cualquiera de ellos. Más de lo mismo, se dice. No se trata de encontrar un líder iluminado. "Un pueblo, una nación, un líder", nos puede traer a la Madre Teresa de Calcuta, pero a Alemania le trajo un Hitler. Así que yo voto porque los experimentos,… con gaseosas. A los hechos.


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