El Buen Nombre (1)

Soy de una generación antigua, más antigua que la de la mayoría de los actuales afiliados a UPyD. Como dijo el androide Roy Batty (Blade Runner): "He visto cosas que vosotros no creeríais, ... , porque todos estos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia". He visto cerrar tratos que hoy serían de cientos de miles de Euros y, lo más alucinante, he visto cumplir y respetar esos pactos. Recuerdo que, en mi niñez y juventud astigitanas, allá en la Vega Baja del Genil, la Sartén de Andalucía, y lo digo para que quede, se manejaban dos conceptos, muy habituales y apegados a la sabiduría popular (la auténtica sabiduría), que tenían un significado contundente, tajante e inequívoco que, en los tiempos actuales se han perdido en la lluvia; estos conceptos son: el "buen nombre" y el "saber estar".

El "
buen nombre" –no confundir con la genealogía de los apellidos—, tenía que ver con la bonomía, con la trayectoria y la actuación personal. Era un derecho con el que nacía cada persona, independientemente de la altura o bajura de su cuna. Evidentemente era algo que se podía perder pero, aunque conocí alguna conspiración para destruir el "buen nombre" de alguien, siempre terminaba por averiguarse dicha circunstancia, volviéndose contra los confabulados y restituyendo el "buen nombre" del agredido. Es innegable que este concepto, como todos los de aquella época –buenos o malos–, poseía su lado obscuro y rendía la común e injusta pleitesía al machismo imperante y que se convirtió en una causa más de escarnio y discriminación para muchas mujeres.

He conocido muchos enfrentamientos, ajustes de cuentas e incluso migraciones familiares, causadas por la pérdida de ese "
buen nombre"... era la mayor riqueza permitida a los pobres y, por tanto, la más valorada popularmente. El "buen nombre", al igual que se podía perder, también se podía acrecentar por acciones propias o beneficiarse –a veces muy inmerecidamente–, de las aportadas por otros familiares próximos como padres y hermanos. En definitiva, el "buen nombre" se podía heredar, lo que suponía un beneficio, a la par que imponía un carga o servidumbre que soportar y no todos eran capaces de llevar.

El detentador de un "
buen nombre", cosa bastante común en aquella época, era de esas personas a las que los demás les reconocían el derecho, no forzado desde el poder, a caminar entre ellos ( sus iguales, sus superiores o sus inferiores) con la cabeza bien erguida y eran respetados por ello. No era tan difícil poseer un "buen nombre" si se ponía voluntad en ello, bastaba con no aprovecharse de los demás, no mentir en cosas sustanciales y menos para salvar su propia responsabilidad, ayudar a los demás, ser algo solidario (entonces no se usaba mucho este término) y, sobre todo, no jugar con el "buen nombre" de otros.

Tratar de acabar con el "
buen nombre" de alguien era peligroso por la posible reacción del implicado, si se percataba de la maniobra y porque innegablemente perderías tu propio "buen nombre" a poco que se descubriera tu jugada, de lo que existían gran cantidad de probabilidades.

El "
saber estar", era algo distinto, no era consustancial al hecho de ser, se podía traer una buena dosis desde la cuna, se podía adquirir con el convencimiento, la práctica y el interés, o se podía carecer de esa cualidad de por vida. No era un problema de educación (aunque algo podría influir), medios económicos o cultura, se podía ser un gran investigador, un militar de prestigio, un patán o un catedrático de universidad y no "saber estar". Sencillamente, se sabía estar, o no. Tenía que ver con la capacidad de situarse a la altura de las circunstancias, asumir el lógico papel de cada uno en cualquier situación, responsabilizarse de sus propios actos o decisiones, saber cumplir con aquello a lo que uno se comprometía y sobre todo —y en esto coincidía con poseer un "buen nombre"— respetar en todo momento el "buen nombre" de los demás y no atribuirse el éxito de sus trabajos.

He estado muy cerca de hacer mutis sin haberme despedido, le he visto su sombra a la parca y me he dado cuenta qué poco dejaría atrás. El día que finalmente parta, no habré dejado grandes propiedades a mis hijos, tampoco réditos de inversiones, ni rentas de propiedades amasadas limpia o suciamente ni fondos que les permitan vivir holgadamente. He fracasado en eso de dejarles una apreciable heredad, salvo que me toque una lotería a la que no suelo jugar. Cierto que, ni antes ni ahora, el "
buen nombre" y el "saber estar" dan de comer pero creo, estoy seguro, que entre lo poco realmente importante que unos padres pueden dejarles a sus hijos, los buenos consejos; el ejemplo de una norma de conducta que pretende ser recta, justa y solidaria; la apertura de mente y el análisis siempre crítico a la hora de forjar las convicciones propias —que será la única garantía de no caer en el sectarismo— y la máxima generosidad en la entrega a tu trabajo, tu familia y tus ideas, siempre estarán entre ello.

Mencioné al principio "y para que quede" porque pensé, al parecer erróneamente, que estos conceptos eran universales que valían siempre, para todos y en todas partes. La experiencia me ha dado la certeza de que, al igual que con los recuerdos de los androides en Blade Runner, el significado de estos conceptos "se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia", si no hacemos algo por remediarlo ya que con el paso del tiempo, estos valores han dejado de significar algo, perdiendo su valor, algunos no los valoran y no en todas partes de la geografía española se valoraban las mismas cosas. Sería
catártico el ejercicio — y posiblemente de terribles consecuencias para la tranquilidad de la conciencia colectiva—, de que algún día hiciéramos una reflexión autocrítica sobre los principios y valores que, en nombre del progresismo, hemos eliminado del acervo colectivo y que, irremediablemente, acabarán por pasarnos sus facturas. Ya lo están haciendo.


(... continuará)


1 comentarios:

Juan Artero Ortega | 31 de diciembre de 2008, 6:41

20081231 - ¡BRAVO! Juan, estoy expectante. Ya tengo mono de más capítulos o segunda parte.